[Columna] Anticonceptivos y depresión

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Por Dra. Erica Castro, matrona e investigadora U. San Sebastián

Hoy, los métodos hormonales de anticoncepción son los más empleados por las mujeres. Inicialmente las dosis que tenían las pastillas anticonceptivas eran altas en estrógenos y asociadas a una serie de efectos adversos que ha obligado a disminuir las concentraciones: efectos secundarios como irritabilidad, mayor sensación de hambre, mayor riesgo de trombosis, congestión mamaria, dolores de cabeza y disminución de la libido o deseo sexual.

No obstante, en los últimos años existen preocupaciones sobre los efectos secundarios que incluyen el aumento de peso, el acné, los cambios de humor y la depresión.

Las preocupaciones sobre los efectos de la depresión relacionada con la progestina surgen de los primeros datos clínicos sobre el acetato de medroxiprogesterona (DMPA), que fue aprobado como anticonceptivo de acción prolongada en 1992. El etiquetado del paquete indicaba que las mujeres con depresión debían observarse cuidadosamente. Esta preocupación se basó en datos clínicos que mostraron 1,5% de los usuarios de 400 reportaron depresión y el 0,5% descontinuó el uso de DMPA para esto razón.

Desde entonces, muchos estudios han buscado una respuesta sobre si el DMPA puede causar depresión, lo que no está del todo esclarecido. Sin embargo, recientemente la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) por recomendación suya y el Instituto Federal de Medicamentos y Dispositivos Médicos (BfArM) de Alemania ha enviado una orden a las empresas farmacéuticas del país, además de cartas informativas a facultativos y farmacias, exigiendo los prospectos de los anticonceptivos hormonales comiencen a incluir también como efecto secundario la depresión.

¿De dónde se origina esta advertencia? De un estudio danés considerado en 2017 y que demostró que la contracepción hormonal está probablemente asociada con un mayor riesgo de suicidio. Se basó en los registros sanitarios daneses sobre 475.802 mujeres de más de 15 años de edad y cuyo uso o no de la píldora fue contabilizado y cruzado con su salud mental. El riesgo de suicidio fue de 3,08 y resultarían afectadas las jóvenes que ingieren la pastilla entre los 15 y los 19 años y que, independientemente de la edad, el mes más peligroso es el primero. La EMA ha concluido que, si bien no puede identificarse un vínculo casual tan, si hay indicios suficientes de relación entre estados de ánimo depresivos y anticonceptivos hormonales como para hacerlo advertir a las usuarias.

En nuestro país, los problemas de salud mental corresponden una carga importante. Según el último estudio chileno de Carga de Enfermedad y Carga Atribuible, cerca de 25% de los años de vida perdidos por discapacidad o muerte están determinados por las condiciones neuro-psiquiátricas, donde la depresión y la ansiedad son casi dos veces más frecuentes en las mujeres que en los hombres.

Por otra parte, los métodos hormonales son los más empleados por la mujer chilena. En este contexto, de deben trabajar en campañas informativas para que las mujeres usuarias o las que ya utilizan este tipo de productos puedan contar con la información correcta. Así, los equipos de salud cuenten con esta información para apoyar y acompañar.

 

Dra. Erica Castro, matrona e investigadora U. San Sebastián

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